Y si dices no
Inteligencia laboral

¿Y si dices “no”?

Conozco bien las mil y una emociones que van asociadas al desempleo. La frustración, la caída en picado de la autoestima, los vaivenes emocionales. He aprendido, con tiempo y muchas heridas, a encajar los golpes que recibo cada día en el ring de la búsqueda de un trabajo.

Sé, como tú, lo difícil que es volver a la carga cuando te duele hasta el alma de las negativas recibidas, los silencios que dicen más que muchas palabras y la sensación de no saber qué más hacer.

Hoy te escribo este post sabiendo que me dirás que no es tan fácil, que hay facturas que pagar, comida que comprar, personas a las que mantener. No me olvido de ello, lo he sufrido como lo estás sufriendo tú y aún así quiero que recapacites conmigo.

He hablado en otros momentos de la importancia que tiene el ser consciente de que en una entrevista es necesario conectar con el seleccionador, así como de la posibilidad que el candidato tiene de decidir. 

El mercado laboral está viviendo un reajuste, una nueva acomodación a estándares que hasta hoy eran impensables. Jornadas maratonianas, ausencia de estabilidad, rotaciones de plantillas completas, sueldos escasos y falta de ética empresarial. Puedes convivir con todo ello, pero no tienes por qué aceptarlo.

Cuando te ofrecen un empleo que roza la humillación, que no satisface tus necesidades (económicas o emocionales) puedes decir “No”. Puedes elegir no denigrarte, puedes decidir que la búsqueda debe continuar. O puedes aceptarlo y perpetuar un sistema que pone a la fuerza motriz de casi cualquier compañía en último plano.

Si yo tengo el dinero y tú la capacidad de realizar el trabajo, no existe, o no debería existir, una parte que fuese quién llevase el mango de la sartén. Sólo hay una suerte de simbiosis en la que no puedes permitirte aceptar menos de lo que mereces. O sí.

Es cierto que hay momentos de nuestras vidas, por los que todos pasamos, en los que no queda más remedio que aceptar aquello que no queremos, que no es nuestro sueño, que no nos satisface, por una obligación mayor. En ese caso, hazlo, acéptalo pero ten las alas preparadas para volar y dar el salto a otros cielos, en cuanto llegue el momento.

Aprendiendo a decir “no”

Decir “no” es complicado. Hay personas a las que nos cuesta más que a otras y yo reconozco mi dificultad para negarme a sobrecargarme de tareas. Sin embargo, es vital que sepamos cuándo parar en seco y reconocer que aquello que nos proponen no nos aporta, si no que nos resta.

Que tu jefe te plantee colaborar en un nuevo proyecto, sumándolo a tu ya extensa lista de responsabilidades, puede ser una oportunidad, pero también un lastre.

Si eres trabajador por cuenta propia y te solicitan un trabajo en el que no te sientes cómodo, no vibra contigo o sabes que no vas a cumplir como debes, es mejor un “no” a tiempo, que la mala reputación que podría acarrearte.

¿Qué ocurriría si te negases a aceptar unas condiciones laborales? Sería tan grave decirle que no a tu jefe o a ese cliente que nunca te ha llegado a convencer?

No nos han enseñado a negarnos, no sabemos gestionar la emoción de decepción de los demás cuando decidimos negarnos a sus peticiones. Pero la realidad es que no somos nosotros quienes debemos aprender a gestionarla, si no aquellos que reciben nuestra negativa.

Piensa que cómo reciba el otro tu respuesta, no es tu responsabilidad, si no suya. Yo soy responsable de mis actos y de mis comportamientos, pero no de cómo las gestionan los demás.

Deja de lado la culpabilidad, olvida el cargo de conciencia que otros quieren hacerte sentir. No escuches a los que te aseguran que permitir escapar esta oportunidad significará no tener nunca otra. Mienten.

Siempre hay otro tren, otro barco y mil aviones en los que poder embarcar. Mejores, peores,…distintos.

Si este no es el tuyo, no pasa nada. Tienes el derecho a elegir, siempre lo tienes. A decir “no”, o a decir “sí” y cambiar de opinión.

Tu vida es tuya. Tu tiempo es tuyo. Desenmascara a quiénes quieren venderte la idea de que aceptar lo que hay es la única manera de crecer.

Existen tantas maneras de vivir como personas latiendo al compás de este universo. Decir que no, no te aleja de tu meta, aunque quizás pueda acercarte a ella. Porque, después de todo, si estás dispuesto a luchar por que las cosas cambien serás una de esas almas mágicas que mejorarán el mundo.

Y es sólo por personas como tú, por lo que podremos, por fin, avanzar.

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