Pide un deseo
Inteligencia laboral

Pide un deseo

Lunes. 7:30 de la mañana. Entro en un tren lleno de personas, de almas apáticas, serias, cansadas. Escucho las conversaciones, hablan sobre sus fines de semana. Cuentan lo que han hecho, lo mucho que han disfrutado, lo tarde que se despertaron. Es mientras rememoran lo que vivieron en esos dos días libres, cuando se iluminan las miradas, afloran las sonrisas.

¿Es eso la vida? Realmente, ¿hemos llegado a este mundo para pasar 120 horas cada semana esperando con ansias las 48 que llegarán? ¿Es lógico pasar cada día con el alma en un puño, esperando la noche del viernes para que pueda volar?

Ese modo de afrontar la existencia consiste en volver a vivir en el futuro, en ese mañana que será mejor que el hoy, pero sin hacer nada porque el presente cambie. ¿Es eso a lo que aspiras? ¿Quieres desperdiciar todo tu sendero, esperando que algo mágico ocurra en la siguiente curva?

Deseos. Todos los tenemos, anhelos, ansias de que las cosas cambien. De que mejoren. Tú también, ¿verdad?

Pues hazlo. Pide un deseo. O tres. O mil. Pero cuéntame, si encontrases una lámpara mágica, ¿qué le pedirías? Quizás más dinero, un trabajo que te motive más, o poder viajar sin parar. Deseas ser más libre, dedicar tiempo a lo que amas. Sueñas con el día en el que poder dedicarte a lo que siempre has querido. Pero, ¿por qué esperas a que aparezca ese milagro enterrado en la arena?

Tú ya tienes ese poder aunque parece que no lo sabes. De hecho, nadie tiene tanto poder como lo tienes tú. Eres la única persona de este mundo que tiene la capacidad de modificar tu ruta, de cumplir tus deseos y de convertir cada lunes en un día en el que disfrutar, en el que sonreírle a la vida.

Lo creas o no, todo en esta locura que es la existencia depende únicamente de ti. De tu actitud, de tu tenacidad, de tu determinación y sobre todo de tu fe en que tú eres la mejor de las lámparas mágicas.

Si cada nuevo lunes en el tren, sólo puedes pensar que no eres lo que deseabas, que no ganas lo que mereces, que te has estancado o que, y es así de sencillo, no eres feliz, no mires al rededor. Sólo dentro de ti puedes encontrar las respuestas a esas preguntas que lanzas al universo o a esas deidades ciegas, sordas y mudas que te observan convertidas en mármol desde un pedestal.

Nada es eterno. No lo es ese instante de felicidad máximo que alcanzaste cuando te olvidaste de todo y lanzaste al aire tu sonora risa. Pero, por suerte, tampoco lo es tu situación actual.

Si estás frustrado, decepcionado, cansado y hastiado de tu empleo o de tu vida, no entiendo a qué esperas. Sé que tienes responsabilidades, facturas, familia y mil circunstancias que te atan a lo malo conocido, pero no te pido que rompas con todo y lances las cadenas al aire sin pensar en nada más.

Lo que te digo es que si cada timbrazo del despertador convierte tu día en un infierno de insatisfacción, es la hora. Tú ya lo sabes aunque intentes acallar la voz que te pide que construyas otra realidad. No hay fuerza que pueda arrancar del alma aquello para lo que estás destinado, por mucho que vistas tu rutina con sonrisas fingidas y un cumplimiento exquisito de tus obligaciones.

Plantea la estrategia, marca tu meta y el camino para conseguirla. No debes cambiar nada de golpe, no hasta que estés seguro de que el suelo que pisas es firme, pero debes empezar a crear el puente para descubrirlo.

Si no, te pasarás la vida observando melancólico la orilla esperando que un genio te diga que hace años que podrías haber cruzado ese río si hubieses decidido hacerlo.

Lo siento. Puede que jamás encuentres a un genio dispuesto a cumplir tu deseo. Es más que posible que los tréboles de cuatro hojas no sean más que una maravilla de la naturaleza. Quizás una herradura sólo sea eso y la margarita siempre diga no. Acéptalo, gritar tu deseo y esperar que un agente externo aparezca para hacer tus sueños realidad es sólo una excusa. La tuya. Esa que hace que te mantengas inactivo, que no te la juegues, que no decidas, que no cambies.

Te mantienes estancado, quejándote de tu suerte mientras yo me pregunto ¿qué haces para lograr aquello que ansias?  No hay deseos, enviados al cielo, que puedan hacer lo que ni siquiera tú estás dispuesto a iniciar. Por eso, si tienes un deseo o cien, ya es hora de que descubras que aquel que vive encerrado en la lámpara mágica, eres tú.

Así que, ¿a qué esperas para salir y comenzar a cumplir sueños?

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