Preocupación u ocupación
Inteligencia laboral

Preocupación u ocupación

Hace unos meses una de las personas indispensables de mi existencia sufrió un problema de salud. Nueve décadas de vida sobre sus espaldas hacían complicado que superase la intervención quirúrgica y una recaída tras otra dificultaba mantener una actitud positiva. Es curioso observar como las distintas personas reaccionan ante la misma situación. Descubrí que parte de mi familia se encontraba taciturna, llena de preocupación y de malos pensamientos. Otros lo asumimos de un modo diferente.

Personalmente no tengo la capacidad de ver el futuro, pero tengo un modo de enfrentarme a la vida distinta a la de otra gente. Vivo en el ahora y aunque me cueste mucho mantenerme en el presente he aprendido que sólo así puedo actuar.

Algunos de mis familiares estaban (y aún lo están) viviendo en el futuro, estaban pre-ocupándose. Es decir, adelantaban acontecimientos y sufrían por ellos, esperando un desenlace que en sus cerebros se había convertido en inevitable. Mientras ellos se preocupaban por el estado de salud de esa persona, yo iba a diario al hospital y pasaba horas con ella, hablando, contándole cosas, haciéndole reír, viendo la tele, haciendo que rabiase, dándole de comer, abrazándole, besándole y disfrutando de cada segundo que pasaba con ella.

En aquel momento el desenlace de los acontecimientos no dependía en absoluto de mí. Había miles de factores que jugaban un papel en la ecuación pero yo no era uno de ellos. La fortaleza de esa persona, el buen hacer de los médicos y las oraciones lanzadas al aire a un Universo, que muchas veces es sordo, eran los únicos jugadores de ese tablero. Por eso mi actitud no fue la de preocuparme. Fue la de no perder ni un sólo instante en tristezas ni en penas. Elegí ocuparme de que se sintiera amada, querida, atendida y escuchada.

Confiaba en que todo saldría bien, mientras hacía todo lo necesario para disfrutarla. Y ocurrió. Ganó la partida, la batalla, la guerra. Y aunque es una victoria sostenida en la punta de un palillo, tan delicada que cualquier pequeña brisa puede derrumbar, lo logró.

La preocupación te mantiene inmóvil

La preocupación nos hace perdernos grandes momentos, imborrables historias, importantes recuerdos. Nos perdemos esa parte del camino pensando en lo que va a pasar en el futuro, adelantando unos acontecimientos que ni siquiera tienen por qué ser los reales, pero nos convencemos de que lo serán.

Habitualmente preocuparnos nos mantiene quietos, atados a la idea de que nada de lo que hagamos cambiará las cosas y no pasamos a la acción. Ocuparnos nos llena de movimiento, de “tomar el toro por los cuernos” y ser nosotros los que decidamos en cada momento qué hacer.

En el terreno laboral, nos encontramos en un entorno voluble e inestable que llena de preocupación a las personas que más afectadas se ven por ello. Pero hay quienes, a pesar de cargar con el peso de esa preocupación, deciden ocuparse y no ponerse la excusa de que la suerte ya está echada.

Nada interesante crece en el terreno de la preocupación, pero si empezamos a ocuparnos la cosecha es ilimitada. Tu vida, como la mía como la de cualquier otra persona por rico o pobre que sea, está sembrada de problemas y obstáculos.

Te hablé en otro post sobre la importancia de vivir, actuar y escribir el libro de tu vida en el presente y te lo quiero recordar hoy. Preocuparse es intentar pulsar el botón de avance rápido de la vida, es creer conocer el final de un libro y frustrarse por lo que encuentras en él. Ocuparse es ser tú quien marque el ritmo de esa película que estás viviendo, es ser el protagonista de tu novela y borrar y reescribir tantos párrafos como necesites para conseguir tus objetivos.

Qué precioso es tener la capacidad de volar con la imaginación! Surcar cualquier cielo, alcanzar cualquier meta y llegar tan alto como desees! La imaginación es la que te lleva a donde quieres estar, porque si no puedes pensarlo, nunca podrás crearlo. Sin embargo, cuando la imaginación comience a llevarte a lugares tenebrosos y sombríos, a futuros inciertos y a finales dudosos, ¡para! Reconduce tu mirada, tu foco, tus pies. Vuelve al presente y ocúpate de que aquello que has imaginado no ocurra.

Si depende de ti, haz todo lo posible por cambiar la situación, ocúpate de ella. Si no depende de ti, extrae todo el aprendizaje posible, disfruta cada instante del proceso, no pierdas el tiempo, no malgastes tu energía y confía. Mantener el control de tu mente anclada en el ahora es el gran secreto para vivir actuando o, simplemente, dejando fluir.

Después de todo…

“Si tu mal tiene remedio, ¿por qué te afliges? Si no lo tiene, ¿por qué te afliges?” 

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