Perdidos en las redes
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Perdidos en las redes

Corren por la red. Se multiplican a diario. Se hacen virales, casi irrastreables, imparables. Sus víctimas son imprevisibles porque el mundo entero es su caldo de cultivo. Normalmente, adolescentes en plena edad de crecimiento, adictos a las redes sociales y a la aprobación que encuentran en ellas por parte de sus semejantes.

Qué típica es esa frase mágica que de críos lo podía todo: “No hay huevos”. Y los había, siempre los había. Quizás no cualquiera respondiese al grito de guerra, pero muchos sí lo hacían. Y lo siguen haciendo.

El reto de la “Ballena Azul”, que durante 50 días machacaba las mentes aún por formar de miles de adolescentes abocándoles al suicidio, fue noticia durante meses por sus espantosas consecuencias. Varios niños se quitaron la vida lanzándose al tren o arrojándose al vacío desde edificios.

El “Ab Crack” se popularizó gracias a Instagram, donde mujeres en top mostraban un abdomen partido en dos y las adolescentes del mundo entero decidieron que ellas también lo querían.

Hay muchos otros desafíos absurdos como “Hielo y sal” que consistía en cubrirse el cuerpo de sal y pasar después un cubito de hielo por la piel hasta conseguir quemarla.

Son retos estúpidos que no caben en nuestra mente adulta, pero tremendamente peligrosos. ¿Por qué iba nadie a hacer caso a unos locos que quieren que nos hagamos daño? Pero ellos no lo cuestionan. Lo cumplen.

Sin medir las consecuencias

Ahora el “juego” de moda se llama “Desafío 48 horas”. Se trata de desaparecer durante dos días, sin que nadie sepa dónde estás. No hay móvil, ni whatsapp, ni redes sociales. Los ganadores se miden por los puntos que obtienen. La puntuación se consigue según las veces que los jugadores aparecen en Redes Sociales, y según la angustia que demuestren sus padres en las mismas.

¿Por qué lo hacen? ¿Qué ganan? Nada. Únicamente el apoyo del grupo que, puede no ser nada para nosotros, pero es lo más importante que hay para ellos. Precioso ¿verdad? Un hijo más preocupado por vencer en un juego que hace sufrir a quienes más le quieren, que por la propia ansiedad que les causa. ¿Es eso en lo que estamos convirtiendo nuestra sociedad?.

Seguro que muchos de vosotros habéis entrado en alguno de los retos que se hacen populares. Colgar fotos de cuando erais pequeños, otras en blanco y negro, bañarse en un río helado a cambio de una cena…

No pensasteis ni por un momento la gran importancia que tenía. Que alguien en cualquier lugar del mundo decida que cualquier locura es divertida y enrole en su cruzada a todo el planeta, es una muestra del inmenso poder de las redes sociales. Y lo subestimamos.

Qué inocuo parece todo cuando no nos afecta y cuánto dolor genera cuando la víctima no es ajena. Hablamos de la generación que nos sigue como nativos digitales, cuando no hay nada de normalidad en esa descripción.

Nuestra memoria genética no está aún preparada para que los niños de hoy sepan hacer un uso consciente de la tecnología. Ellos tienen una capacidad de aprendizaje mucho más desarrollada que la nuestra, pero necesitan el control del que nos evadimos, confiando en su criterio. 

En las redes del enemigo

Es extremadamente importante volver a inculcar valores a los niños, explicarles los riesgos que conlleva la presencia en Internet y supervisar sus actividades. Olvidemos la idea de que saber usar una tablet les hace conocer los límites que deben auto-imponerse.

Son niños, sugestionables y manipulables, nada más. Les hemos otorgado unos poderes de los que carecen y ellos mismos se han creído invencibles en un mundo que les depara miles de batallas que luchar. Su afán de pertenencia al grupo es lo más peligroso que hay en ellos, y lo que había en nuestra generación también.

La diferencia es que antes el enemigo estaba controlado, encerrado en el entorno en el que vivíamos y ahora es invisible, rápido y voraz. Se alimenta de las mentes más importantes que tenemos: las de nuestro futuro. No podemos pararlo, se reproduce una y mil veces. Nuestra única baza es arrebatarle tantas víctimas como podamos y, para ello, sólo contamos con las armas que nos otorgan la educación y el control.

No todo está bien si aumenta el número de seguidores. El mundo real está fuera de una pantalla pero ellos creen ciegamente en esa felicidad que les otorga un like. Esa es su vulnerabilidad.

Se pierden a sí mismos en el universo de Internet. Se mezclan con el grupo hasta dejar de ser individuos. Por ello, es hora de intervenir para evitar que su esencia desaparezca en una marea de códigos e IPs. Debemos conseguir que se alejen de las modas, que piensen por sí mismos y que aprendan a defender sus ideas. Para que sean adultos libres deben soltarse hoy de esa red en la que les hemos permitido enredarse.

Cuando ellos pierden, todos perdemos. Cuando sus pies pisan en falso, la sociedad entera tiembla. Sin ellos no hay futuro, y aunque sea incierto debemos luchar por él. La meta es conseguir parar el monstruo que les acecha.

Al fin y al cabo mantenerles a salvo es uno de los pocos buenos motivos para gritarle al mundo: “Sí. Sí hay huevos”.

“La única costumbre que hay que enseñar a los niños es que no se sometan a ninguna”. Jean-Jacques Rousseau

2 Comentarios

  • Mar Panzano

    Me alegra leer reflexiones tan crudas como la tuya, Cristina. Me alegra porque existe gente que se da cuenta de la gran mentira de las redes sociales, de su verdadero peligro tras su apariencia de filtros de colores. Este tema de los retos me recuerda a una película que vi hace un tiempo (también tiene libro), "Nerve. Un juego sin reglas", el cual retrata de manera extrema lo que tú dices (puede que te interese para inspirarte). Creo que un mundo que está avanzando tan deprisa, no está dando tiempo a que las propias personas cojamos su ritmo como es debido, haciéndonos caer en errores tan estúpidos y que puede, incluso, poner en peligro nuestras vidas. Aún así, no hay que perder la esperanza en que algún día nos convirtamos en verdaderos nativos de las redes sociales, pero hasta que no hagamos un buen uso de ellas, no podremos pasar de nivel. ¡Un saludo muy grande!

  • CristinaBM

    Muchísimas gracias Mar por tus palabras y por leerme y molestarte en comentar.
    No conocía esa película pero no dudes que la veré y te contaré. Un abrazo!

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