Inteligencia laboral

Sembrando vientos…

Suelo dirigirme en este blog a personas que están en desempleo, a aquellas que necesitan como yo aprender a gestionar las emociones de una vida que, a veces nos queda grande.
Hoy sin embargo, te quiero escribir a ti. A vosotros. A esos seres superpoderosos que cuentan con un cargo en una compañía, lo suficientemente elevado para tomar decisiones empresariales.
Lo primero que quiero decirte es que te entiendo. El fin último de todo negocio es el de generar beneficios, ganar dinero y aumentar el valor. Pero siempre hay miles de maneras diferentes de hacer lo mismo.
Parece que la situación económica comienza a tomar un poco de aire, hay empresas que están en pleno proceso de crecimiento y es en estos instantes en los que aparecen nuevas necesidades.
Pero cuando llega la hora de aumentar la plantilla, ¿haces un estudio exhaustivo de tus necesidades? ¿Te paras a examinar cada puesto de trabajo, para otorgarle a las personas contratadas las herramientas para ser más productivas?
Porque… si necesitas un administrativo, ¿por qué pides un licenciado en derecho? Si lo que le hace falta a tu empresa es gente con ganas, que se esfuerce y aprenda técnicas que hace dos décadas no existían, ¿cuál es el motivo de que uno de tus imprescindibles sea tener experiencia de 20 años?
Los que me leéis ya sabéis que trabajo actualmente en una ETT en la que a diario hago estas preguntas a las empresas. Lo hago porque considero que una gran parte de mi trabajo consiste en hacer pisar tierra a gerentes y responsables de RRHH que desconocen totalmente el mercado actual.
Ofrecen sueldos que jamás aceptaría el tipo de profesionales que solicitan. Exigen capacidades innecesarias en la vacante a cubrir y desechan todo lo que no les huele a boato y titulitis.
Luego hay otras. Esas con las que se puede hablar, que entienden, que se dejan coger de la mano y conducir hacia el candidato idóneo.

No sólo permiten a la gente ser, si no que les motivan a crecer, a llegar tan alto como puedan desarrollarse. Porque han aprendido la diferencia entre mandar y liderar. Y en ese camino, ambas partes ganan.

Comprenden que su media naranja laboral no siempre es aquella mejor preparada y permiten ser aconsejados y ayudados a encontrarla.

Hay veces en las que la actitud lo es todo. Ni mil millones de paredes empapeladas con licenciaturas y másters sirven de nada cuándo lo que les acompaña es prepotencia o dejadez.
Las primeras, las que ofrecen nada y exigen mucho más que todo, se anclan a una mentalidad empresarial que se les ha permitido durante demasiado tiempo.
Acostumbradas a la desesperación ajena, a la necesidad, intentan perpetuar un mercado laboral que jamás debería haber existido.
Las segundas, abren las miras, observan el campo completo y descubren gracias a ello un enorme capital humano desperdiciado por las primeras. Forman, motivan, aceptan y premian a aquellos para los que su prioridad es desarrollarse laboralmente. Valoran a los trabajadores, gestionan eficazmente la comunicación interna. Están dispuestos a pagar por lo que quieren tener y priman la persona a la experiencia.
Lo que obtienen las gerencias arcaicas son empleados desmotivados, que huyen despavoridos en cuanto tienen ocasión. Sus trabajadores se convierten en mercenarios que venden su fidelidad al mejor postor, porque no conocen otra realidad que la económica.
Las mentalidades empresariales más evolucionadas crean sentimiento de pertenencia. Si la empresa gana, ganan todos. Lo saben y trabajan para hacer de la compañía algo grande. Se sienten parte de ella y luchan por hacerla crecer, lo que les fideliza y reduce significativamente la fuga de talento.
No sé en qué grupo está tu compañía, lo que sé es cuál de los dos está destinado a crecer y perpetuar su modelo de negocio. Sé que quien lleva años sembrando vientos, no tardará en empezar a recoger las tempestades inevitables que se ciernen sobre él.
No se puede huir perpetuamente de la tormenta por muy profesional del equilibrismo que seas.
Así que la única pregunta es… ¿tú te elegirías a ti, entre las millones de compañías y los miles de mentalidades empresariales que existen?
Sin comunicación, sin reciprocidad, sin motivación ningún trabajador se mantendrá fiel a una compañía de la que siente no recibir nada.
Quizás hoy no pueda elegir pero si pudiera, porque podrá, ¿crees que optaría por ti?

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