Pan y circo
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Pan y circo

Dicen los entendidos que la historia es cíclica, que se repite. Y, en relación a ello, hay una ley karmática que habla de que aquello de lo que no aprendes nada, sigue repitiéndose hasta que obtengas la lección que necesitas.

Me han venido estas dos afirmaciones a la mente estos días, aunque es algo repetitivo en mi vida, al ver ciertas realidades que se suceden en nuestra actualidad. Vi hace unas jornadas, un vídeo que se ha convertido en viral.

En el vídeo en cuestión aparecen manifestaciones por parte de los ciudadanos en distintos países, y los motivos que las provocaron. Se veían cientos de ciudadanos en las calles de Islandia e Inglaterra, pidiendo dimisiones a su Gobierno por su implicación en los papeles de Panamá, protestas multitudinarias en Francia por los recortes laborales que deseaban aprobar sus mandatarios; y en último lugar aparecía España.

Cientos de personas se agolpaban y gritaban, pancartas en mano, pero no protestaban. No se quejaban por las altas tasas de paro, ni por los innumerables casos de corrupción en nuestra política, ni siquiera por la posible vinculación de miembros de la casa real en asuntos, digamos, “poco legítimos”. No.

El motivo por el que habían decidido concentrarse, a voz en grito, y sin miedo a la climatología era hacer ganador a uno de los personajes que habitan la casa del programa televisvo Gran Hermano Vip.

Ese es el resumen de nuestra sociedad. Pero no es el único ejemplo. ¿Cuántas personas han decidido tomar un café en un bar y han escuchado la típica discusión de barra sobre fútbol? Señores que pelean encarnizadamente sobre la venta de un jugador, la ineptitud de un entrenador, o el penoso espectáculo que ofreció el sábado pasado este o el otro equipo.

Históricamente se empleaba un proceso psicológico para tener al pueblo calladito y sin quejarse. “Al pueblo pan y circo” afirmaban los emperadores de la Antigua Roma, más tarde fue la religión la que permitía controlar a la plebe ante la amenaza de un infierno inexpugnable del que ningún pecador podría escapar.

Ahora es el fútbol y la telebasura los que cumplen la función, el ciclo histórico se repite. Que no piensen por sí mismos, que no se quejen, que llenen las redes sociales de tuits quejándose por que hoy no se emite mujeres, hombres y viceversa.

Y así vamos. Entre partidos de fútbol y cotilleos pasa la vida de un alto porcentaje de la población, sin plantearse más allá, dejando que recorten nuestros derechos, sin quejas, sin gritos, sin manifestaciones. Sólo salir a la calle para que gane Pepito Pérez un programa que no genera empleo, no impide el tráfico de influencias de la clase política, no ayuda a que después de tres meses tengamos un Gobierno. No vale para nada, pero cumple su labor. Silenciar a las masas, que no piensan por sí mismas, que consumen aquello que se les pone en el plato, sin plantearse que existe una carta en la que se podría y se debería poder elegir.

Y tú, ¿te conformas también con pan y circo?

Nota: Este no es un artículo nuevo. Lo escribí hace unos meses y fue publicado en el Diario de Castilla La Mancha

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