¿Te suena de algo esto de las landing pages? Quizás las uses pero no sepas su nombre, porque estoy segura de que si tienes una web y vendes tus servicios, alguien te ha dicho que debes contar con este tipo de páginas de ventas.

Es verdad. Las landing pages son básicamente páginas encaminadas única y exclusivamente a la venta de uno de tus productos o servicios.

Sí, de uno.

No es una página de servicios, ni cuenta con el mismo diseño que tiene tu web. Son páginas creadas dentro de tu dominio pero estéticamente diferentes al resto.

No persiguen que el usuario lea una entrada del blog, ni que sepa quién eres. No busca que vaya a tus redes sociales. Su único objetivo es la venta. Y para ello, encierra al usuario entre sus letras, sin dejarle vías de escape y trata de enamorarle hasta que se produce la compra.

Por ese motivo las landing no tienen menús ni enlaces que propicien la pérdida del usuario. Evitar clicks mantiene al lector en exactamente donde queremos que esté: en la página donde le seduciremos.

Todos los negocios online cuentan con landing Pages y, por lo que he podido descubrir, la mayoría son similares.

Hay muchas cosas en ellas correctas pero hay otras que, personalmente, se me atragantan.

Hoy quiero compartir contigo 8 ingredientes de una landing Page, que se me hacen bola.

Y, quizás igual que a mí a otros usuarios, que jamás se convertirán en clientes.

 

Primer ingrediente. El caos.

 

La psicología de la mente humana es vital, cuando nos sentamos a escribir para los demás. Siempre que vamos a publicar un contenido hay detrás de él un objetivo, que no podemos perder de vista.

Por eso es importante conocer qué es lo que el lector espera de nosotros, qué necesita el cliente de ti y cómo dárselo.

Cualquier página de tu web debe tener un orden lógico para el cerebro de cualquier persona que llegue a ella, pero si hablamos de una landing, mucho más.

No puedes vender si el lector se vuelve loco, entre conceptos sin sentido, botones de Sí, lo quiero, explicaciones de quién eres y precios.

La mente de cualquier persona necesita orden para poder entender lo que le cuentas, sopesar si le interesa y llegar a la compra de una manera totalmente natural.

Hay quienes deciden comenzar con una frase rompedora que llame la atención, otros con testimonios de clientes. Lo que importa es que te sientes a pensar como lo haría tu cliente y organices la página siguiendo su propio esquema mental.

Si lo logras, irás dándole en cada párrafo exactamente lo que se está preguntando y le llevarás de la mano hasta donde quieras que llegue.

Pero si, simplemente te sientas y escribes a la desesperada, el caos inundará de sabor cada línea. Y no, no es un sabor que enamore.

 

Segundo ingrediente. El infinito.

 

Este ingrediente lo veo a diario en todas las landing pages que visito. Son eteeeeeeeernas, el scroll es infinito y solo de ver hasta dónde debo leer para decidir si me interesa o no, me da pereza.

Es como cuando me siento a comer y me ponen una enorme fuente de comida. El estómago se me cierra solo de ver la cantidad que me queda por delante, me da pereza y el hambre huye.

Seguramente este es uno de los ingredientes más controvertidos porque parece haberse instaurado por sistema que una página de ventas debe ser larga para poder convertir.

Yo discrepo. Creo que lo bueno si breve dos veces bueno y que si vendes bien, no necesitas hacerlo 10 veces.

Es cierto que muchas landing pages son largas por un tema de posicionamiento, para que Google las trate mejor, necesitan cierta extensión y bastantes palabras claves.

Sin embargo, el resultado suele ser una página infinita con muchas llamadas a la acción, testimonios mezclados con experiencias propias y volvemos al caos del primer ingrediente, pero mezclado con un espacio tiempo continuo que se me vuelve a hacer bola.

 

Tercer ingrediente. La desesperación.

 

El mix entre el primer y el segundo ingrediente, da lugar al tercero.

Cuando me intentas vender sin seguir mi esquema mental, queriendo conquistar a Google y contando las palabras para que todo el mundo te quiera, me hueles a desesperación.

En este mercado en el que tenemos que buscarnos la vida, nos hemos acostumbrado a vender, cuando la gracia sería que te comprasen.

Piensa en el comercio tradicional, en las tiendas de barrio. Están ahí, abiertas en sus horarios, sin moverse. Ponen un escaparate atractivo, productos de calidad y nada más.

Los clientes llegan a ellos sin necesidad de que salgan a buscarles ¿por qué? Porque cubren una necesidad.

Si tú no cubres ninguna dará igual lo larga u ordenada que hagas tu landing page, y si la cubres no importará demasiado cuántas palabras claves incrustes en tus textos.

Pero si en tus páginas de ventas, insertas 17 botones de compra, usas textos enormes y me gritas desde el otro lado de la pantalla que te compre, no es que se me haga bola, es que me envenena tu desesperación.

 

Cuarto ingrediente. La mentira.

 

Sin duda es de los que peor regusto dejan y de los que más presentes están. A veces se nota mucho su sabor, otras es más disimulado, pero está. Siempre está.

    • “Yo también estuve en tu situación”
    • “Descubre el método que ha cambiado mi vida”
    • “Yo también supliqué por ser independiente”

Me lo cuentas en tus títulos, lo leo en tus letras, pero no me lo creo. Quieres hacerme creer que has estado en mis zapatos, que caminaste por las huellas que yo sigo y me quieres convencer de que tengo que comprarte para lograr el éxito que tú tienes.

Empatizar es siempre una buena técnica, pero hay que usarla bien.

Hay muchísimos ejemplos de personas que en sus landing page tratan de empatizar y se quedan en un intento patético de autobombo.

Básicamente porque yo no quiero que me mientas contándome que estuviste en mi lugar, porque me da igual si lo estuviste o no. Lo que quiero saber es a qué destino me llevarás si te doy la mano.

Mientras no me cuentes eso, no querré sentarme a tu mesa.

 

Quinto ingrediente. La distancia.

 

Hay empatía, hay autobombo y, por supuesto también hay soberbia.

Esa que demuestras cuando intentas distanciarte de mí. La que denota tus intentos constantes de posicionarte como un referente de tan alto calibre. Esa prepotencia que me distancia de ti cuando asciendes a un Olimpo al que ni puedo ni quiero llegar.

Ser profesional no es alejarse, no necesitas una lejanía que rompa cualquier conexión para que tener credibilidad. Todo lo contrario.

Es la cercanía la que genera la confianza, y solo la confianza abre las carteras.

Si usas tu landing para contarme lo maravilloso que eres, los kilos de experiencia que te avalan y lo lejos que estoy yo de ser como tú, me llevaré un trauma de tu página. Pero también mi dinero.

 

Sexto ingrediente. El desinterés.

 

Te doy igual. Soy para ti un número en tus estadísticas de Analytics. Lo asumo, lo acepto y hasta lo entiendo.

Pero disimula, please!

Si quieres venderme, debes colocarme en el centro de toda estrategia y por supuesto, en el centro de tu página. Si muestras un continuo desinterés por mantener mi atención volvemos al ingrediente número uno. Del caos a contarme cosas que me importan entre poco, muy poco y un pepino.

Me llevas a una página de ventas, me encierras en ella sin posibilidad de escape y me hablas de lo que te importa a ti…

Se me va haciendo enorme la bola y al segundo párrafo me interesarás tanto como yo a ti. Bye!

 

Séptimo ingrediente. La falta de profesionalidad.

 

Nadie te pide que seas bueno en todo. Puede que escribir no sea lo tuyo o que desconozcas cualquier técnica de copywriting del mundo. Vale, no pasa nada.

Lo que no puede ser es que decidas: a) no aprender b) no delegar.

Esas son tus opciones.

Una página de ventas sin técnicas como la aversión a la pérdida, está destinada al fracaso. Así que o aprendes a vender mejor, o contratas a quién ya sepa hacerlo, o haces tus maletas y te vas.

Porque sin profesionalidad la receta queda sosa, insípida y gomosa. ¿Quién va a quererla?

 

Octavo ingrediente. La soledad.

 

La estrategia de ventas es exactamente eso, una estrategia basada en diversas acciones que persiguen el mismo objetivo. Se me hace extraño y despierta mis alarmas descubrir una landing page con un producto o servicio que esa persona o empresa no está promocionando en sus redes sociales, ni en ningún otro medio.

Esas páginas de ventas solitarias, que existen desvinculadas de toda estrategia, que no tienen reflejo en la página de servicios, a las que ni se las ve ni se las huele en ningún punto entre Facebook y Youtube, son sospechosas.

Vincula. Esa es la palabra clave.

Vincula tus redes sociales a esa página, vincula tu comunicación a las emociones de tu cliente y vincula tu experiencia a las necesidades del usuario.

 

Ahora es tu turno de contarme, ¿cuántos de estos ingredientes has colocado en tu receta de landing page? Y ¿cuántos de ellos odias tanto como yo?

 

La mayoría de las personas piensan que “vender” es lo mismo que “hablar”.

 

Pero los vendedores más efectivos saben que “escuchar” es la parte más importante de su trabajo”.

Roy Bartell