Jessica Buelga
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Jessica Buelga: “El objetivo de su vida es llegar a sentirse plena y feliz con todo aquello que hace”

Hay dos momentos vitales comunes a todos los mortales. Nadie puede evadirse de ellos y es entre ambos, donde se forja la propia vida. Uno es el nacimiento, el otro la muerte. Hay quién pasa toda su existencia deseando llegar al paraíso que prometen tras la vida, otros tienen la suerte de llegar al mundo en el Edén. Jessica Buelga es de las segundas.

Nació un frío Febrero en Asturias, en Pola de Laviana. Una villa en plena naturaleza bañada por el tierno abrazo del río Nalón.

Puede que no todo lo marque el entorno pero en uno como aquel, un paraíso terrenal, es mucho más sencillo alcanzar la felicidad. Ella lo hizo, pero mucho tuvieron que ver en ello sus padres y su hermano. Esas personas que son una constante en su vida, a los que retornar cuando el camino se complica, y que sólo llegas a valorar completamente cuando creces y miras hacia atrás.

Es por eso por lo que hoy es más fácil para Jessica verles como son, en todo ese esplendor que de pequeña veía tan natural que no le daba la importancia que tiene el contar con gente incondicional, como lo es su familia.

Temperamental y de ideas asentadas firmemente en el nutritivo suelo de su mente infantil, la edad templa el carácter pero no lo cambia. Mantiene esa esencia tan suya, de querer comprender los argumentos de los demás para ser capaz de modificar su pensamiento.

Hay quienes piensan que un carácter fuerte y arraigado en la seguridad, siempre trae consigo una persona dura, pero se equivocan. Habitualmente se trata de almas con un enorme sentido de la justicia y defensoras firmes ante cualquier abuso que pase por su lado. Jessica no era la excepción y, ya desde su infancia, se enfrentaba a quién fuese necesario en aras de una honestidad marcada a fuego en su yo más íntimo.

Como cualquier mente inquieta, Jessica amaba conocer el por qué de aquello que le rodeaba, mientras sus manos garabateaban y dibujaban para evadirse de esa ansia de conocimiento que no siempre era satisfecha por los adultos.

Llegado el momento de descubrir que no existían respuestas a todas las preguntas que inundaban su mente, como el torrente del río a la vera del que nació, comenzó a interesarse por la lectura. Pasaba horas buscando en el diccionario el significado de palabras que no comprendía, y leyendo todo lo que le aportase un poco de luz a sus dudas.

Mirando atrás, suele hacerse casi irreconocible el momento en el que descubres tu deseo en la vida. Puede ser un segundo, un instante, o un cúmulo de circunstancias que te llevan a él. Ella, que siempre había querido cambiar el mundo, erradicar las injusticias y compartir su felicidad con los demás, no había descubierto su verdadera vocación cuando llegó el momento de decidir.

Sin embargo, hay giros del destino que te llevan a tu sendero sin que ni siquiera sepas que te estás encaminando a tu propósito. Estudió psicología y acertó.

La llegada a la universidad y los cambios que ocasiona, además de otros avatares, hicieron complicado el encaje. La exigencia de ella consigo misma, y las dificultades que la carrera presentaba complicaban la convivencia. Con el paso de los años, en cambio, fueron adaptándose el uno al otro hasta que llegaron a fundirse.

En el proceso, ella no fue la única protagonista. El apoyo de su familia y de su, en aquella época novio, hoy marido, fueron determinantes. Sentirse arropada cuando ella no podía seguir, el empuje que le ofrecían cuando dejaba de secarse el sudor y decidía arrojar la toalla y la comprensión que sólo puede regalarte quien conoce tu alma, aunque no hables, son los grandes responsables de que hoy disfrutemos de la Jessica profesional que tanto nos aporta.

Finalizados los estudios, tuvo que volver a elegir hacia dónde enfocar sus pasos. Se decantó por la tercera edad y, manteniendo su carácter firme y su capacidad de aprendizaje innata, consiguió culminar aquella etapa alcanzando la dirección de un centro socio sanitario. Nadie podía presagiar el cambio que se avecinaba cuando, después de cuatro años decidió centrarse en la formación.

Ya había compaginado sus tareas directivas con la gestión de personas y talento, y con las labores de formadora. Y se enamoró. Descubrió en la formación una pasión que no sabía que existía y decidió salirse de la ruta, para seguir los dictados de su vocación.

Desde aquel momento, ayuda a las personas y cambia en ellas mucho más de lo que puede suponer. Le atrapó la posibilidad de ayudar a los demás enseñándoles que la vida es a veces más sencilla de lo que pudiera parecer, y encuentra la felicidad en el modo en el que consigue hacer que otros vuelen.

Su formación en la herramienta de coaching, además de en muchas otras, le ayuda a ampliar las miras, a ofrecer lo que muchos otros sólo prometen, y a realizar una formación completa desde distintos puntos de vista.

Hoy, la vida de Jessica es muy diferente a lo que habría podido imaginar de pequeña. Su rutina no existe, cada día es una aventura en la que hay una constante vital para su felicidad: su hija.

Llevarla al colegio y recogerla a diario, tener tiempo para dedicárselo a su familia y amigos, al descanso y la desconexión que a día de hoy encuentra en el boxeo, o en un café relajante, son ahora sus prioridades. No siempre lo consigue, y es lo que peor lleva de su vida profesional, pero intenta adaptarse todo lo posible para alcanzar ese reto.

La vida nos ofrece sabiduría en cada suceso, y depende de nosotros ser capaces de alargar la mano y aceptarla. Jessica lo hace cada día. Ha entendido que el objetivo de su vida es llegar a sentirse plena y feliz con todo aquello que hace, ya sea a nivel profesional o personal.

La niña que soñaba con viajar a Egipto y que se sentía fascinada por la figura de Cleopatra, es hoy una mujer realizada, valiente y decidida. Una persona de esas que sabes que, por muy descabellados o alocados que te parezcan sus objetivos, los logrará.

Porque ella se lo merece, porque deja por donde pasa su huella, su impronta. Una marca que cambia el rumbo de muchos. Una señal para tantos de que, aunque estemos anclados al suelo, hay personas como ella que siempre nos harán volar.

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