Itziar nació tan cerca de mí que es el mismo trocito de firmamento el que nos arropa cada noche. Yo en Bilbao, ella en Irún. Con sólo dos años de diferencia. Ella, una escritora con libros publicados. Yo, sólo la persona que quiere narrar la historia que hace de ella quién es.

Desde pequeña llegó para iluminar la existencia de su familia, llenándola de música, bailes improvisados y espectáculos nada voluntarios. Su infancia de camino entre los inviernos en Irún y los veranos en Arnedo. En el primero, el colegio, los amigos, la lluvia y el frío vascos. En La Rioja, la cuadrilla con sus primos, el río y el sol.

Tan despierta como curiosa, una de sus aficiones era observar. Pararse y atender a la vida de otras personas, ver qué les movía a hacer lo que hacían y descubrir en sus miradas si eran o no felices. Precisamente por ese hobby, ella misma disfrutaba disfrazándose con los ropajes de otras vidas, jugando a ser quién no era por el mero placer de experimentar qué se sentiría si fuera otra piel la que la cubriese.

Es escritora. Y no lo es porque estudiara para serlo, ni porque garabatee letras en un papel. Lo es porque le corre por las venas. Lo es porque cuando aún ni siquiera sabía que eso era una profesión, ya rellenaba las hojas de un diario. Por la comunión, los niños de aquella época veíamos desfilar muñecas, relojes, pendientes y algún libro. A Itziar le regalaron, además, un diario. Una joya que despertó en ella aquello que siempre había llevado dentro.

De escribir a leer, del papel a la máquina de escribir de su padre. Todo valía para verter las historias que jugaban a formarse en su mente sin esperarlas.

Jugadora de equipo

Inquieta como es, descubrió el baloncesto a los 11 años. Comenzó como un juego pero pronto se convirtió en mucho más. 20 años dedicados a la práctica de este deporte en todas sus categorías, llegando incluso a jugar en la liga francesa, le han convertido en una persona diferente. Hay competencias que, una vez aprendidas, se nos graban a fuego y no desaparecen nunca.

Es una jugadora de equipo, competitiva pero generosa y solidaria. Aprendió a reconocer sus límites, sus fortalezas y debilidades y hacerse grande en la cancha, como ahora lo hace en la vida.

A pesar de que la dedicación al baloncesto no hacía mella en su carrera estudiantil, su mente era su freno. Demasiado avanzada para el modelo educativo vigente, con las ideas demasiado claras sobre cómo debería motivarse a los alumnos, el modo de enseñar del colegio no llegaba a convencerla. Permitió ser seducida por un trabajo que realmente le apasionase, en vez de continuar por la senda de unos estudios que no llegaban a hacerle vibrar.

Gracias a esa decisión pudo continuar con su romance con el baloncesto que, fiel compañero de camino, le seguía recompensando su esfuerzo con ofertas de equipos que querían que fuese uno de sus fichajes.

[bctt tweet=”El Veto fue su primera novela, hija de un millón de circunstancias que la hicieron realidad. Y no la última. Al cabo de los años, Lejos en mí se unió a la familia. Descubre a @itzisis! #PersonasQueSuman #copywriter #periodista #blog” username=”CrisBallesterM”]

En algún momento de esta ruta que es la vida, todos tenemos un instante en el que no podemos evitar voltear la mirada. Pensamos que habría pasado si… e Itziar no es la excepción. Hay momentos en los que se plantea cómo de distinta hubiera sido su vida si hubiese optado por la Universidad, por las experiencias que los años de carrera te deparan y qué cosas habrían cambiado.

Pero es un segundo, sólo un instante, porque no se arrepiente de la opción que eligió. Fue la suya. La que en aquel momento necesitaba. Comenzó a trabajar como auxiliar administrativa, pero su facilidad para los idiomas y su excelencia en el trabajo pronto la llevaron a ocupar el cargo de administrativa y, posteriormente, llegar a ser secretaria comercial.

No fue un destino sin obstáculos ya que, durante mucho tiempo, tenía que optar por empleos que pudiese compaginar con su carrera deportiva. Cuando abandonó el baloncesto, necesitaba trabajos que le supusieran un reto. Y, después de un tiempo lo que ansiaba era estabilidad.

Corría el año 2009 cuando decidió dar el paso. Del papel y la máquina de escribir al ciberespacio. Creó su propio blog, un lugar donde plasmar todo aquello que nunca había dejado de danzar en su mente, tratando de llamar su atención para ser expulsado, para crear historias, para existir.

Para cualquier persona que ame escribir, no hay mayor premio que ser leído e Itziar fue galardonada con ese honor casi nada más comenzar a ofrecer sus escritos en la red. Pero, al poco tiempo, su página se cruzó con un hacker y la perdió para siempre.

Tenía, como siempre tenemos, varias opciones pero ella sólo vio una. Aquella que le hacía vibrar, la consecuencia lógica a una historia que comenzó con aquel primer diario. “El Veto” fue su primera novela, hija de un millón de circunstancias que la hicieron realidad. Y no la última. Al cabo de los años, “Lejos en mí” se unió a la familia.

Cambio de camino

Perseverante, tenaz y decidida, ha logrado alcanzar, a base de incansable esfuerzo, ese punto en el que probar y equivocarse es el mejor modo de crecer. Es una luchadora que ha aprendido que reinventarse una y mil veces se consigue cayéndose sin miedo y volviendo a la cancha sin reticencias.

Puedes perder mil veces, pero no rendirte. Pase lo que pase hoy, mañana habrá otro partido que ganar. Ya no se compara, no se siente menos que nadie. Ahora sabe lo que quiere y ha descubierto el valor de su criterio y la importancia de creer en sí misma.

Por eso hoy sí. Hoy está preparada para recorrer paso a paso el camino que le alejaba de sus sueños. Y, para empezarlo, debía dar el salto de fe. Ese que separa la vida asentada y segura, de la vida que queremos construir. Abandonar la seguridad de un trabajo estable en pos de una inestabilidad amada, querida y deseada.

Ahora se encarga de sí misma, de su pasión que es escribir, de sus dos retoños llenos de páginas y de los talleres de escritura creativa que imparte, y donde ofrece la posibilidad a otras personas de descubrir en las palabras la magia que ella hace años que encontró.

Ahora es ella. Es, por fin, Itziar. Fluye al ritmo que le marcan las historias que siempre han danzado en su mente. Tiene tiempo para su hija, para escribir, para dar charlas, para leer y para devolver al universo la energía que él siempre le ha regalado.

Ya no se permite vivir en ese modelo social que marca cuántas horas debes trabajar, de qué manera debes pensar y qué es lo que debes hacer. Ha descubierto que la esencia de la vida es dejar que la imaginación vuele y perseguirla para ver a dónde nos lleva.

1,83 centímetros de auto-exigencia pero también de fortaleza, hacen de ella una mujer difícil de ignorar. Pero no es eso. No es su altura, ni la transparencia de su mirada, ni su tímida sonrisa eterna.

Es ese aura que la rodea, esa magia que la arrulla, esa esencia que percibes cuando la conoces. Ese modo de escribir desgarrándose por dentro, vaciándose en sus letras. Es eso y mucho más.

Porque si no la conoces, merece la pena. Itziar te estará esperando, en sus talleres o en su #pintxopotecreativo, para seguir emocionando y creando. Como siempre lo hace ella. En equipo.

www.itziarsistiaga.com

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