¿A ti también te pasa que relacionas a personas con canciones, actitudes, olores…?

 

Hay a quienes se les reconocería entre millones de otras personas solo por el modo en el que hablan, el aroma que siempre les acompaña o el sonido de sus pies al caminar.

 

Y otras se diferencian del resto por su manera de enfrentarse a la vida, por la melodía de su risa, su resiliencia o ese brillo en los ojos al hablar de algo que aman.

 

Gabriel es una de estas personas. Tiene una actitud que emana buena vibra, le escuches en un evento, leas sus posts en el blog, o lo encuentres en redes sociales. Es una de esas almas que quieres tener cerca porque, simplemente, irradia luz.

 

Si me preguntas, te diría que es como si el Gabriel niño se hubiese resistido a irse y se ha quedado en un lugar del hombre adulto, pintándolo todo de colores, curioseando el mundo con sus ojos y disfrutando de cada experiencia como si fuera la primera vez.

 

Es ya un hombre, un profesional de la comunicación y un estratega de negocios, pero hay mucho de inocencia infantil en la esencia de Gabriel.

 

Y eso me parece algo mágico.

 

Pero espera, déjame que te lo descubra poco a poco, porque si aún no le conoces su historia te va a ayudar a comprenderle mejor.

 

Es caraqueño, hijo de una mamá que trabajó toda la vida en la Universidad Central de Venezuela. Sus padres se divorciaron cuando era pequeño, pero eso no le separó de ninguna de sus dos familias que le hicieron sentir, tanto a él como a sus dos hermanas, siempre querido y cuidado. Cada una a su manera.

 

Una, desde una educación más estricta y tradicional. La otra, desde unos valores más relacionados con la libertad y la rebeldía.

 

Suena complicado para un niño aprender a moverse entre estas dos aguas, con corrientes que parecen correr en sentidos contrarios. Y lo fue.

 

Sin embargo, complicado no es sinónimo de drama, ni de traumas. Al menos si eres como Gabriel. Esta dualidad no le arrancó la sonrisa, ni borró sus ganas de saludar con un buenos días a cada persona que se cruzaba a su paso y tampoco venció su interés por relacionarse y construir nuevos vínculos.

 

¿Quién iba a poder con su espíritu si ni el propio paso del tiempo lo ha aplacado?

 

Pocas personas pueden asegurar que las velas en el pastel de cumpleaños, no han ido menguando la ilusión ni la curiosidad.

 

Pero si lo consigues… eres casi invencible. Como lo es él.

 

Los años solo le han ido demostrando que fue afortunado de lidiar en su infancia con esos dos mundos tan dispares, porque ahora,  en un entorno laboral y mundial cambiante, es resiliente, flexible y tiene una amplitud de miras perfecta para adaptarse a todas las circunstancias. Y a lo que está por venir.

 

Quería ser bombero, o quizás jugador de beisbol, tal vez explorador y aventurero. Lo mejor de la niñez es que las posibilidades son ilimitadas, la mente no está encorsetada y nada es loco ni imposible.

 

El problema llega cuando la realidad nos golpea y pone todo en su lugar. Si buscas bien, seguro que hay un instante así en tu vida, todos tenemos uno.

 

Para Gabriel ese despertar vino de la mano del ‘caracazo’. Ocurrió en 1989, con lo que solo tenía 8 años y quizás tú ni siquiera lo recuerdes. 9 días de terribles disturbios y manifestaciones, que terminaron con un gran número de víctimas mortales, detenidos y desaparecidos.

 

Probablemente muchos niños venezolanos quedaron al margen de aquel hecho histórico, pero a Gabriel le marcó. Deseaba contarle al mundo lo que estaba ocurriendo en su país y entonces lo supo: su vida estaba en el periodismo.

 

Empezó sus estudios, muchos años después, en la Universidad Central de Venezuela, pero descubrió que debía esforzarse para poder estar al nivel exigido. La base del periodismo escrito no está en redactar, está en leer. Mucho.

 

Escribir bien pasa por haber leído a distintos autores, diferentes géneros, haberte empapado de vocabulario, de gramática, de giros… Y eso a él le faltaba, aunque fue durante poco tiempo.

 

Muchas personas piensan que la capacidad de adaptación o la resiliencia son características que no implican acción. Como si simplemente significasen no sufrir por los cambios.

 

La verdad es que son dos aptitudes que llevan aparejado mucho trabajo.

 

Adaptarte implica aprender nuevas formas de actuar, nuevos modos de pensar, aprendizajes que no tenías. Gabriel lo sabía y, por eso, pasó varios semestres trabajando la redacción en cursos extrauniversitarios hasta que llegó al nivel que él mismo se exigía.

 

Y lo hizo tan bien que pronto tuvo que olvidar la promesa que se había hecho de no trabajar nunca en un periódico, al entrar a formar parte de la redacción de ‘El Carabobeño’.

 

Después de la carrera, su trayectoria le llevó al mundo corporativo como analista primero y gerente, coordinador y jefe de comunicaciones después.

 

Pero un día, decidió que deseaba su propio negocio, así que emprendió. La primera vez no salió bien pero ¿crees que eso podría frenarle?

 

Colocó la brújula, recalculó coordenadas y puso rumbo al tipo de empresa que realmente quería fundar: una en la que poner todos sus conocimientos y visión estratégica al servicio de otras personas.

 

Desde entonces, esa es la ruta que navega y déjame decirte que lo hace como un marinero profesional.

 

Quizás porque, como te decía, sigue habiendo mucho del pequeño Gabriel en él. Del creativo y curioso, del explorador, del aventurero, del que sabe surcar las aguas por bravas que se ponga la marea.

 

Su familia, su perro, el jazz, ver una serie o perderse con la bici, son sus armas secretas contra cualquier embiste del agua. Y los hay porque todo en este universo tiene dos caras.

 

La bella es esa en la que puede pasar sus jornadas ayudando a otros profesionales a desarrollar su marca personal, son las charlas con colegas, las acciones colaborativas,… La menos buena es la incertidumbre constante que es el día a día de cualquier autónomo.

 

Lo único que importa es que, al cerrar el ordenador, la balanza siga cayendo del lado positivo. Y, después de muchos años, a Gabriel le siguen dando las cuentas.

 

El niño callado, que amaba escuchar, el de la sonrisa perenne, es un adulto que no se ha dejado ganar la batalla contra el tiempo. Y ¿qué hay más inteligente que hacer de tu enemigo, tu mejor aliado?

 

No sé cómo lo hace lo que sí sé es que el mundo sería un lugar mejor si más personas fuesen como Gabriel.

 

Por eso, te invito a conocerle un poco más:

 

Web

Instagram